
Desde hace varios años, este hecho se va extendiendo entre los jóvenes gracias a las redes sociales y a aplicaciones de mensajería efímera tipo Snapchat, que prometen que un mensaje se autodestruye pasado un cierto tiempo, lo que ofrece una garantía de mandar imágenes subidas de tono de forma privada.
Y es que,
con la popularización de las nuevas tecnologías, el uso del «sexting» entre los adolescentes
e incluso adultos se expande cada vez más. En un principio comenzó haciendo referencia al envío
de mensajes de naturaleza sexual y con la evolución de los teléfonos móviles,
pero ha evolucionado en el envío de fotografías o vídeos de
contenido sexual.
Esta
práctica puede causar graves daños psicológicos a los jóvenes que en la mayoría
de los casos desconocen el destino final de sus fotografías íntimas ya que estas pueden llegar a ser expuestas al público causandole un grave daño psicológico a la víctima, según
expertos en psicología, quienes advierten que se trata de una práctica de alto riesgo.

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